En los procesos de selección laboral, tenemos la sensación de que no son siempre los mejores los que son seleccionados sino “los que se venden mejor”.

Y aquí es donde a menudo topamos con nuestra creencia, grabada a fuego en nuestra mente: “Es que yo no me sé vender”.

(Este texto nace del trabajo de coaching con los jóvenes que están a punto de entrar en el mercado laboral y no saben por dónde empezar)

La situación actual de la economía ha hecho más difícil el encontrar trabajo. Los puestos de trabajo interesantes están muy buscados, y siempre hay candidatos muy preparados.

Aún y así, tenemos la sensación de que no son siempre los mejores los que son seleccionados; son «los que se venden mejor».
Y aquí es donde a menudo topamos con nuestra creencia, grabada a fuego en nuestra mente: «Es que yo no me sé vender». Esto, para nosotros, significa: “Yo no sé exagerar lo que sé hacer, no sé inventarme cosas, no sé darle el «bombo» que los demás le dan …”. Incluso parece que querer vendernos sea «un pecado», un engaño, algo malo.
Y no nos damos cuenta que siempre nos estamos vendiendo. Sí, señor. Continuamente estamos transmitiendo, comunicando quiénes somos y cómo somos.
Es imposible no comunicar. Lo que hacemos, cómo hablamos, nuestra ropa, … todo ello está diciendo a la gente de nuestro alrededor cómo somos.
Se dice que estamos construyendo continuamente nuestra «marca personal». O sea, no es que no sepamos vendernos sino que no sabemos lo que estamos vendiendo. ¡Qué peligro! ¿Quién comprará algo si el vendedor no sabe explicar qué es?

La clave, pues, está en saber qué vendemos cuando nos vendemos nosotros mismos. Y aquí entra el trabajo del coach: para ayudar a saber quiénes somos, nuestros valores y capacidades, la imagen que transmitimos, y qué debemos potenciar para encajar en el puesto de trabajo deseado.