… Y cuando acabo la exposición del tema, sea cual sea, y abrimos el turno de preguntas, siempre aparece un padre o madre de adolescente que te dice: «Pero ¿cómo lo podemos hacer para que ordene su habitación?». «Tendrás que decidir si el tema merece las consecuencias», respondo.

No importa que la conferencia sea sobre la autoestima de los padres, sobre el diálogo en la familia, o sobre los padres Coach. La pregunta del millón de dólares acaba saliendo.

El aseo de la habitación de los hijos llena discusiones en muchas casas. Vemos diferentes tipologías de padres / madres preocupados:

– «Te he dicho mil veces que ORDENES»: son los que recuerdan continuamente al adolescente que hay que ordenar la habitación … para acabar menudo entrando en la habitación y haciéndolo ellos (a menudo cuando los hijos no están presentes). La sensación que tienen los hijos es que los padres les han invadido el espacio personal, y se crea una sensación de desconfianza que daña la relación familiar.

– «Yo ya me he cansado de pedírselo; lo hago yo y ya está «: son los que ya han renunciado a que los hijos ordenen y, de manera sumisa, se llevan la ropa sucia y ponen cierto orden en la habitación del hijo. «Víctimas» de la situación, no se plantean otras soluciones: ya lo intentaron, no funcionó, y ahora lo tendrán que hacer ellos para siempre. Están dando a sus hijos la imagen de que no es necesario que sufran, que los padres están a sus órdenes y acabarán haciendo lo que a los hijos no les apetezca hacer.

– «No ordena para llevarnos la contraria»: familias donde la desconfianza ya se ha instalado (y no olvidemos que sin confianza no puede haber relaciones sanas). Las discusiones son continuas y a menudo se faltan el respeto unos a otros.

El de los padres y el de los hijos son dos puntos de vista muy diferentes y muy difíciles de poner de acuerdo. Sobre todo porque una de las dos partes considera que NO hay un problema, y es precisamente la parte que debería solucionarlo. ¿Vale la pena seguir discutiendo por este tema tan desgastador o será mejor que dediquemos nuestros esfuerzos a temas más prioritarios en nuestra relación con los hijos? ¿A qué batallas queremos dedicar energías?

Pensemos, y actuemos en consecuencia.