Quizás eres una persona que lo ve todo de color de rosa, siempre contenta con lo que tienes y que valoras mucho todo lo que hay de bueno en tu vida. En ese caso, el post de hoy no lo aprovecharás.

Ahora bien, si te has sentido a ti mismo últimamente diciendo cosas como «no hay derecho», «total, no servirá de nada», «todo esto es culpa de …», … creo que te interesará lo que viene a continuación.

Déjame empezar diciendo una obviedad pero que nunca está de más recordarla: La queja, por sí misma, no suele servir de nada.

Un ejemplo: Estás contento con tu médico de toda la vida porque te trata bien, acierta en los diagnósticos … Pero últimamente este médico te hace esperar mucho rato; ni te avisa cuando hay retraso, no sabes cuando saldrás de su consulta … Aguantas las demoras con paciencia nerviosa, y cuando llegas a casa, cuentas a todos lo maltratado que te has sentido. Pero el médico es bueno y no quieres dejar de cambiar; o sea que te tocará aguantar. ¿Te suena?
Pues bien: ¿de qué servirá esta queja que explicas en tu entorno? ¿Crees de verdad que el médico cambiará de actitud a partir de lo que dices? No, ¿cierto?

¿Qué podríamos hacer para ayudar a que el médico cambie la actitud y sentirnos así mejor tratados?

– Preguntarle si va con retraso cuando llegamos.
– Reclamarle que por favor avisen si van tarde con un whatsapp para evitar esperas.
– Comentar que últimamente te hace esperar, y que agradecería que te avise …

Enfadarse es humano, pero hay que saber canalizar el enfado para mejorar las cosas.

Si después del verano, en septiembre, al volver al trabajo me quejo de forma habitual, lo cierto es que algo no funciona. O me muevo para cambiarlo, o seré infeliz. Esto no tiene por qué significar que deje el trabajo, pero quizás sí significa empezar a hacerlo de modo que me llene más.

En resumen, si nos damos cuenta de que nos quejamos a menudo de lo que nos pasa, miremos adelante y luchemos para cambiar las cosas: nunca es bueno vivir en la queja o en la resignación. Esto sólo nos convertiría en personas tóxicas, personas negativas que despiertan en su entorno lástima o rechazo.

Y este cambio es una muestra clara de liderazgo personal ante las circunstancias.

 

(Publicado originalmente en el blog de la Escuela de Liderazgo Social de Catalunya; foto: Tania Fernández 2K – IES Infanta Isabel de Aragón