«¡Parece que a mis padres sólo les importan las #@!&!* notas!»

Las notas, los estudios, son muy importantes para los padres.

Porque son el baremo de si las cosas van bien y de la futura felicidad de los hijos, ya que se identifican unos resultados escolares buenos con un desarrollo profesional y económico mejor. Por eso, porque aman a sus hijos y quieren lo mejor para ellos, centran las conversaciones en los resultados académicos (especialmente cuando las cosas no van bien). Y ellos se cierran y se vuelven menos comunicativos.

Los hijos adolescentes están descubriendo una vida nueva. Menos infantil, más adulta. Los primeros amores, la responsabilidad hacia el medio ambiente, las discusiones políticas … Están en efervescencia y se decepcionan mucho cuando les parece que los padres sólo se preocupan por sus notas.

La «Teoría del Iceberg»

La solución si se quiere tener influencia sobre los hijos se basa en la «Teoría del Iceberg».

Todos sabemos cómo de un iceberg normalmente sólo es visible una décima parte, la que sale del agua. Y que debajo hay muchísimo escondido, invisible al ojo … como la vida de los hijos. El comportamiento observable (las notas, las faltas de respeto, alguna carencia de responsabilidad …) es esta décima parte de todo lo que pasa en su vida. Y si se intenta modificar su comportamiento sólo a través de esta parte tan escasa, costará muchísimo.

¿Cuál sería la alternativa que podría funcionar mejor para impactar la vida de los hijos? Centrarse en la parte oculta. Su día a día, como se sienten, cómo les van las cosas … con curiosidad y amor. Sin juicio. Que se sientan acompañados y escuchados. Que noten que los respetamos como personas.

Y a partir de aquí tendremos más influencia sobre el resto de temas, y es más probable que nos escuchen y nos cuenten qué les pasa. Porque si la relación con los hijos se basa en un 90% en la persona, será mucho más fácil poder hablar del 10% «menos agradable».