Como padres nos otorgamos la Responsabilidad de la educación de los hijos, de sus comportamientos, de su manera de socializar, de qué amigos tienen… e incluso de sus notas escolares. Pero, a menudo, nuestro comportamiento puede estar empeorando la situación…

Uno de los principales temas que traen mis clientes al despacho es la motivación de los hijos adolescentes en los estudios. “Y mire que yo ya le estoy encima: estudio con él, le insisto con las notas, y… aún y así HEMOS suspendido 8”.

Los padres estamos muy preocupados por nuestros hijos cuando se trata de la situación del mercado laboral. Sabemos que un mayor nivel de estudios aumenta las posibilidades de encontrar trabajo, y por eso estamos muy, muy pendientes de su motivación académica… que a menudo es muy poca…

Mi trabajo como coach se centra en una gran pregunta potente: “Si su hijo suspende… ¿de quién es el problema?”.
Como padres nos otorgamos la Responsabilidad de la educación de los hijos, de sus comportamientos, de su manera de socializar, de qué amigos tienen… e incluso de sus notas escolares. Creyendo que sus estudios son nuestra responsabilidad, nos sentamos con ellos a estudiar, les preguntamos 120 veces diarias si han hecho los deberes, … Y así les desempoderamos a ellos. Por eso les pregunto: “¿De quién es el problema si su hijo suspende?”

¿Sabes en qué momento un joven de 15 años cambió de actitud y empezó a aprobar? Cuando, tras presentar unas notas nefastas, sus padres no le dijeron nada. “Ahí vi que me había pasado”. El problema ya no era de sus padres, sino del adolescente; la Responsabilidad había cambiado de manos.

Pasar la responsabilidad a los hijos exige valentía y, sobre todo, confianza (“El hijo tiene todos los recursos”). Y para empujar el cambio de actitud, nada mejor que reflexionar sobre los malos resultados obtenidos hasta ahora con nuestro “apoyo parental”: “Si quieres resultados diferentes, haz cosas diferentes”.

A partir del traspaso de Responsabilidad, como padres/coach tenemos grandes herramientas para acompañar a los hijos:
– Recordar la importancia de los estudios de cara al futuro soñado (visualización).

– Facilitar un entorno de trabajo tranquilo, que ya se encargarán ellos de aportar las distracciones tecnológicas 😉

– Felicitar el esfuerzo realizado (Reconocimiento), apoyando la excelencia y abandonando la exigencia.

– Encontrar motivaciones a corto plazo para los estudios (pasar un buen verano, el respeto de su entorno…).

Como me dijo un día una adolescente, “Mis padres me hicieron una jugarreta: me pasaron la responsabilidad de mis estudios. Ahora ya no tengo excusa: tengo que estudiar para no fallarme a mí misma”.

By | 2017-03-13T08:55:00+00:00 mayo 2016|0 Comments

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