Hay padres que discuten a menudo con sus hijos adolescentes por culpa de la PlayStation.

Preferirían que los jóvenes estuvieran haciendo deberes, estudiando, ayudando en casa o socializando. Pero van pasando las horas y allí sigue el chico; jugando sin parar como si el reloj no existiera y las tareas se hicieran solas.

Los padres, a veces, llegamos cansados de un día duro. O estamos hartos de no tener ayuda en casa. O sufrimos porque nuestro hijo se despiste/suspenda/no consiga el futuro que desearíamos. Y se nos “cruzan los cables”. Y amenazamos. Y nos enfadamos. Algunos gritamos. Otros, castigamos la Play. Unos cuantos llegamos a llamar “adicto” al chaval … Diferentes reacciones, todas causadas por la impotencia de ver un hijo “vegetando”, pegado a la tecnología.

Los padres solemos comparar la vida de nuestros hijos con los recuerdos de nuestra juventud. Un pasado fantástico donde los “niños” hacíamos los deberes cuando tocaba (qué remedio nos quedaba), jugábamos en la calle (según donde viviéramos), leíamos libros (algunos), quedábamos en persona con los amigos, y donde no se acababa el mundo si nos aburríamos. Las pantallas disponibles eran las de un televisor con 1, 2 o 3 canales y – los más afortunados – la de un Spectrum o Commodore 64 que despertaba la vocación informática. Al desear para nuestros hijos un ocio similar al nuestro, la comparación con la realidad nos genera frustración.

Qué hacemos ante esta situación donde los hijos van “de pantalla en pantalla”?

Ante todo, entendamos que la sociedad – incluido el ocio – ha cambiado drásticamente y que los viejos tiempos no volverán. En todo caso, estas tendencias se agravarán.

– La socialización de los jóvenes ya pasa más por las pantallas que por la presencia física. La nueva generación, la “Generación Z” (1), prefiere mayoritariamente el texto a la conversación cara a cara (2). El Whatsapp hace innecesario quedar en persona. Desde su juego de ordenador pueden compartir juego con amigos de otros países … ¡Qué diferente de cuando tenías que hablar por teléfono desde el comedor, con toda la familia escuchando!

– El valor del esfuerzo ha perdido peso social (3), pues se busca el éxito instantáneo basado en la imagen y aspectos mediáticos (por ejemplo, YouTubers) y la recompensa inmediata. Es cada vez más complicado dejar de lado la Play para esforzarse por alguna otra cosa. Y si nos centramosos en los chicos que ya tienen un rendimiento escolar aceptable, es difícil exigirles “más esfuerzo”.

– El ocio pasa irremediablemente, cada vez más, por la tecnología y las pantallas. La mejora casi diaria (gráficos, creatividad, jugabilidad …) y futura (realidad virtual) de los juegos los hace terriblemente atractivos y adictivos. Por eso la industria del videojuego duplica los ingresos del mundo del cine (4). Ante la Play o el móvil … ¿Qué otras opciones pueden ser interesantes? ¿Qué oferta hacemos a nuestros hijos a cambio de dejar la Play, si es que les hacemos alguna? ¿Poner la mesa? ¿Hacer los deberes?

Dicho esto, ¿cómo podemos actuar los padres?

Pactemos las horas de juego para que el momento de cerrar la Play/móvil no sea una discusión diaria. Expliquémosles nuestros motivos para limitar el tiempo, entendamos los suyos, y pactemos un tiempo máximo de juego entre todos (ellos incluidos). Y acordémos qué hacer si un día no se cumple, para no dar la sensación de veleta que cambia de opinión según el día (“Hoy te castigo, mañana te ignoro”).

– Busquemos alternativas interesantes para ayudarles a tener un ocio más variado y adaptado a sus intereses. Según sea el chico, podemos animarles a tocar un instrumento,  aleer un buen libro (mejor si todos leemos a la vez, para dar ejemplo), a aprender a cocinar, a jugar un juego de mesa todos juntos …

– Por último, un consejo extraído de las observaciones de mis sesiones de Coaching con jóvenes: si hemos castigado la Play varias veces ( “un mes sin jugar!”) y no hemos conseguido el resultado deseado, tal vez haya que plantearse un cambio de estrategia. Nuestro objetivo no es hacerlos sufrir, sino que los chicos aprendan a gestionar mejor el tiempo.

En conclusión, los padres de adolescentes debemos entender que las pantallas están aquí para quedarse y que nuestros hijos vivirán cada día (aún) más pendientes de ellas. Y que tenemos que saber negociar el uso que le dan, a la vez que les ofrecemos alternativas suficientemente interesantes.

 

(1) Nacidos a partir del 96. Algunos los consideran parte de la “Generación Y”, pero muchos creemos que son suficientemente diferentes como para ser considerados aparte.

(2) Fuente: “Social Media, Social Life: How Teens View Their Digital Lives”, Common Sense Media, USA, Junio 2012

(3) Fuente: “Joves i valors. Què mou els nostres joves?”, Fundació Lluís Carulla, 2007

(4) Fuente: Rentrak, 2014

Foto: Expansión México.

By | 2017-03-13T08:55:00+00:00 setembre 2016|0 Comments

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